La Acción Humanitaria, como yo la veo Humanitarian Action, as I see it

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12-abr-2008

Somalia "is different"

Foto: Oscar Sánchez Rey / MSF

“Pero, ¿cómo se te ocurre venir a trabajar aquí?”, pregunta mi adjunto somalí para la gestión de la seguridad en Mogadiscio, Abdilin, cuando ya ha tomado un poco de confianza conmigo tras más de un mes de trabajo codo a codo. Una pregunta que ya he escuchado antes en otros países complejos como Darfur o Palestina. Y que Abdilin, que lleva 14 años trabajando con Médicos Sin Fronteras, se encarga rápidamente de completar: “Da igual donde hayas estado antes, Somalia y sobre todo Mogadiscio, is different, my friend”.

Y tiene razón. Para empezar, estamos solos. Aquí no existe lo que a veces llamamos el circo humanitario. Ninguna otra organización nacional o internacional, no gubernamental o institucional, agencia de cooperación estatal o de Naciones Unidas, trabaja con personal internacional en la capital de Somalia. Y esto, que a priori podría llamar la atención en un lugar donde las necesidades son evidentes, es hasta cierto punto comprensible. La violencia en la capital hace prácticamente inviable poder desarrollar cualquier tipo de proyecto en condiciones aceptables. Ataques selectivos con minas activadas por control remoto, tanques utilizados en la ciudad para acompañar las operaciones militares, utilización habitual de granadas lanzadas con bazookas y el uso indiscriminado de fusiles y pistolas para resolver cualquier conflicto entre personas, hace de esta ciudad un auténtico territorio comanche. Hace 20 años, Mogadiscio era la Marsella del África del Este, con vilas blancas y azules de estilo colonial italiano, buganvillas y restaurantes rebosantes de turistas a pie del paseo marítimo frente a un Índico turquesa. Hoy nos movemos entre edificios en ruinas, calles de escombros e imágenes que todos tenemos en mente tras la guerra en la antigua Yugoslavia.

Lo que en absoluto is different son las consecuencias para la población civil, que desafortunadamente son las mismas que en cualquier otro lugar donde la violencia reina y la respuesta es escasa. En las últimas dos semanas, más de 150 personas han muerto violentamente y más de 300 han resultado heridas. Unas 90.000 personas huyeron de Mogadiscio en dirección Noroeste, hacia Afgoie, donde MSF tiene otros proyectos en marcha. Unas 25.000 personas están huyendo de la capital al mes y mucho tememos que éste, especialmente violento, duplique la cifra. Dentro de la propia capital, miles de personas quedan atrapadas viéndose obligadas a trasladarse hacia los barrios del Norte donde nosotros estamos; ayer mismo, unas 700 personas buscaron refugio en los aledaños de un hotel y el dueño vetó el acceso. Tras pasar la noche a la intemperie, hoy no sabemos dónde se encuentran.

En un mar oscuro y enfurecido como éste, cualquier acción es, más que nunca, una simple gota en el océano. Actualmente en esta ciudad dividida tenemos 2 hospitales pediátricos en el Sur y 5 puestos de salud tanto en el Sur como en el Norte. Con un equipo formado por una doctora y un enfermero españoles, un logista – administrador griego y, sobre todo, por 60 nacionales somalíes, queremos abrir un nuevo hospital pediátrico en el Norte de la ciudad. Para colmo de males, la gran mayoría de las pocas estructuras de salud existentes son de pago; nadie en un país donde la gente subsiste con menos de un dólar al día puede permitirse pagar 400 para poder dar a luz en condiciones básicas. Y esto es sólo un ejemplo; Somalia tiene una de las tasas de mortalidad más elevadas del mundo vinculadas a las complicaciones obstétricas; pero la malnutrición infantil, la tuberculosis o los brotes de cólera, fácilmente diagnosticables y tratables, se cobran cada día decenas de víctimas.

El proyecto de MSF en Mogadishu, que abrió en 1992, ha sido desde el año 2002 lo que llamamos un "proyecto a control remoto". Desde que en el 2001 un señor de la guerra arrasó nuestra casa, el personal nacional ha mantenido las actividades en funcionamiento con visitas intermitentes de los equipos de coordinación en Nairobi. Sólo a partir del 2007 hemos podido volver; el equipo anterior logró el récord de permanencia sin tener que hacer ninguna evacuación: más de tres meses... La idea ahora es seguir aumentándola. Tenemos todo el material médico necesario para el hospital y todos los kits logísticos (tiendas, mantas, bidones, sistemas de potabilidad de agua y kits para epidemias recurrentes como el cólera) para intentar plantar cara a esta situación. 3 de nuestras clínicas realizaron el mes pasado más de 9.000 consultas centradas en niños y mujeres. En el año 2006 hicimos más de 100.000 en el Norte de la ciudad. Merece la pena estar aquí. Sólo nos queda poder seguir adelante en un contexto que, lo queramos o no, is different.