La Acción Humanitaria, como yo la veo Humanitarian Action, as I see it

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16-abr-2008

Las dos cruces de la moneda

Foto: Oscar Sanchez-Rey

Suspendida en el aire, la moneda para decidir una vida mejor en Somalia gira frenéticamente. Neema Abubakar Hasan es madre de cuatro niños. “Éramos una familia acomodada. Vivíamos en una casa de dos pisos; mi marido hacía negocios con el transporte de fruta. Teníamos una vida por delante”. La moneda dicta sentencia: sale cruz. “El 15 de mayo tuvimos que salir corriendo. Antes había, como mucho, fuego cruzado. Ese día se usaron morteros; era la primera vez que los escuchaba”. Como muchas otras mujeres de Mogadiscio, Neema tuvo que liderar el convoy familiar. “Tuve que salir con mis hijos, mis padres y alguno de mis sobrinos sin tener a dónde ir”. Tras asentarse temporalmente en el Norte de la ciudad, se dieron cuenta de que eran invisibles. “Allí no teníamos ningún familiar; todo nuestro clan está en el Sur. Dos noches en un descampado nos hizo tomar la decisión de salir de la ciudad e ir a Balaad”. Balaad es una pequeña aldea localizada a 36 kilómetros de Mogadiscio; un remanso de paz comparado con la capital pero colapsado por la llegada de desplazados. “Al principio no fue fácil. Los pocos parientes de nuestro clan tenían sus casas ocupadas. Con los ahorros que teníamos, alquilamos una casa de dos habitaciones donde vivíamos nueve personas. Hace poco nos hemos visto obligados a re-alquilar una de ellas; ahora somos dieciséis”.

Neema es el paradigma de una pauta de desplazamiento de complejo seguimiento y difícil respuesta. Campos de refugiados o desplazados son ya excepciones en los contextos actuales; generalmente cercanos a fronteras o capitales, suelen estar cubiertos con las necesidades mínimas de cobijo, agua, saneamiento, comida y atención médica. Pero quienes huyen de la violencia en una crisis olvidada como la somalí, desaparecen de las estadísticas y del radar humanitario. Al integrarse en otras aldeas pasan desapercibidos, a pesar de aumentar la población, los precios y el riesgo de epidemias. “Tengo dos niños muy enfermos; a mi padre se le han paralizado las piernas; mi madre no tiene fuerzas para salir de casa. Mogadiscio está demasiado lejos. No sé qué hacer”, finaliza Neema.

Ulumo Um Shedi Mohamed está a punto de dar a luz en la maternidad de MSF en Jowhar, a 90 kilómetros de Mogadiscio. Su embarazo es de alto riesgo; la moneda una vez más lanzada y rotando caprichosamente en el aire: “Mis cinco hijos anteriores nacieron con la ayuda de una comadrona tradicional. Ellas hacen una gran labor en la comunidad, pero cuando hay complicaciones sus conocimientos no son suficientes. Ahora me siento muy débil y enferma”. Jowhar está después de Balaad, en la misma carretera que une las dos poblaciones con Mogadiscio. Cuando le cuento el caso de Neema, Ulumo me responde con la tradicional solidaridad somalí: “Imagínate que viviéramos en la capital; ¿qué me hubiera pasado si hace dos días me hubiera visto forzada a huir de allí en el estado en el que estaba?. ¡Con el dolor que tengo!. Y sin embargo mucha gente se encuentra en esa situación e incluso peores... Eso no es bueno, no es bueno...”. Para ella, sólo en una de cinco ocasiones ha salido cara.

Neema y Ulumo son las dos caras de una misma moneda en Somalia: la inexistencia de servicios mínimos de salud. Tras ser examinados por nuestro médico somalí, dos de los hijos de Neema tendrán que ir a la clínica que tenemos en Balaad; sufren deshidratación severa debido a la diarrea y los podríamos perder en cuestión de días de no atajarla inmediatamente. Ulumo padece una anemia importante y los dolores son debidos a las fuertes contracciones. Internada en la maternidad, todavía está por ver si será necesario practicarle una cesárea.

Ambos casos nos ayudan a redefinir nuestras acciones. Una evaluación en Balaad nos permitirá saber si hay que hacer una distribución de productos básicos (mantas, mosquiteras, kits de higiene...) entre los desplazados invisibles; Ulumo nos recuerda que la existencia de una maternidad puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte para las mujeres embarazadas.
Dos lecciones aprendidas que trataremos de incorporar al hospital que prevemos abrir la semana que viene y que será el tema de nuestra próxima entrega. Lo importante ahora es evitar tener que lanzar más monedas al aire...