La Acción Humanitaria, como yo la veo Humanitarian Action, as I see it

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28/03/2008

Acción Humanitaria en un Estado Olvidado


El discurso dominante sobre estados frágiles, estados fracasados e incluso estados "malignos", pertenecientes a un eje diabólico, suele dejar de lado a los estados olvidados, a los estados en regresión. Si asumimos como nueva esta categoría, África concentraría alrededor del 80% de los casos y República Centroafricana (RCA) sería, sin duda, uno de sus ejemplos más significativos.

En RCA, la esperanza de vida ha caído de los 50 a los 39 años de vida en el último decenio; es la misma cifra que existía durante el Imperio Romano. Se trata de un indicador frío, aséptico, pero brutal y de enorme alcance. El PIB por persona en el año 2006 fue de 352 dólares, es decir, la subsistencia a menos de un dólar al día. La tasa de mortalidad infantil en los niños menores de 5 años, factor determinante de la situación de la salud de un pueblo, es del 176 por 1000, una de las más elevadas del planeta; por cada niño fallecido en nuestro país, 45 no pudieron salir adelante en RCA. Aquí la mitad de la población no tiene acceso a agua potable y la prevalencia del VIH/SIDA es del 6.5%, de las más elevadas de África Central. El Índice de Desarrollo Humano sitúa RCA en el puesto 172 de un total de 177 países considerados.

Falta de gobernabilidad, corrupción, impunidad y cortes en la inversión decretados por el FMI y el BM han hundido RCA en una situación de subdesarrollo crónico, en una situación de regresión. Los últimos años de su historia han visto 11 intentos de golpes de estado, el último de ellos exitoso en 2003 y legitimado por unas elecciones validadas por la comunidad internacional en 2005. El Presidente-General actual, François Bozizé, se consolidó en el poder tras dos golpes militares fallidos. Justo a partir de su toma de posesión, varios grupos armados se auto-proclamaron “rebeldes” en el Norte del país e iniciaron el conflicto armado interno que, a día de hoy, viene a agravar aún más las penosas condiciones en las que la población civil trata de sobrevivir cada día. Subdesarrollo y guerra vienen una vez más de la mano.

Ante necesidades evidentes, la respuesta pasa sin embargo por la militarización del país. El ejército Francés tiene la mayor cantidad de tropas en RCA desde su independencia en 1960; la FOMUC, una fuerza regional africana, aumenta sus bases en el noroeste; y el Consejo de Seguridad de la ONU acaba de aprobar el despliegue de una fuerza de Cascos Azules en la frontera noreste con Chad y Darfur. En un complejo juego de estrategias, el Ejército chadiano tiene asimismo un permiso especial para entrar en territorio centroafricano y apoyar al gobierno en caso de necesidad. La situación humanitaria de RCA ha sido manipulada por diversos actores políticos y militares para justificar esta tendencia; así, mientras que los 80 millones de $ necesarios para estas operaciones militares han sido adjudicados en cuestión de días, de los 54 solicitados por Naciones Unidas en enero para cubrir las necesidades de la población civil sólo un 32% ha sido hasta hoy desembolsado por los países donantes.

En este contexto, a principios de año sólo 3 ONG estaban presentes en el país. El sistema de Naciones Unidas, que contaba con un total de 400 trabajadores, autorizaba tan solo a 10 de ellos para trabajar fuera de la capital. La comunidad internacional se limita a 4 embajadas y una pequeña delegación de la Unión Europea. España no tiene un cónsul aquí, sino un representante centroafricano difícil de localizar debido a sus múltiples viajes al extranjero. Para RCA, lo peor es el olvido y el espacio que éste deja a una crisis humanitaria cotizada al alza por sus implicaciones regionales. Es en este olvido donde MSF intenta trabajar y alzar la voz mediante 485 trabajadores nacionales y 55 expatriados, el 90% de ellos trabajando en la zona de conflicto.

El 11 de junio pasado, nuestra compañera logista de MSF Francia, Elsa Serfass, moría tras recibir un impacto de bala en la cabeza. Elsa formaba parte de un equipo que partía en misión exploratoria con el objetivo de evaluar las necesidades humanitarias en la frontera con Chad y Camerún. Diez días antes, rebeldes del APRD (Ejército Popular para la Restauración de la Democracia) y fuerzas gubernamentales se habían enfrentado duramente, haciendo huir a la población de nuevo. Elsa nunca llegó a su objetivo; un soldado rebelde la mató pensando que los coches de MSF eran en realidad un convoy de las fuerzas enemigas a pesar de estar perfectamente identificados.

La situación de la población civil en el norte de RCA tras el estallido del conflicto se sitúa a día de hoy entre las más vulnerables del planeta. Pequeñas aldeas de entre 40 y 300 habitantes, perfectamente integradas en su entorno, fueron sistemáticamente quemadas entre Julio y Diciembre de 2006 por las fuerzas gubernamentales. Más de 150.000 personas tuvieron que huir despavoridas hacia el interior de la selva ecuatorial y subsistir en condiciones infrahumanas durante meses. En un primer momento, los mecanismos de afrontamiento funcionaron correctamente: pequeñas construcciones de cañizo y setos sirvieron para cobijarlos; los restos de la cosecha del año anterior, para alimentarlos. Pero 8 meses después no ha habido posibilidad de regreso. La sesión de lluvias ha comenzado; la malaria hace estragos entre los niños; las organizaciones internacionales no llegan; y las condiciones de vida pasan su factura en forma de diarreas sangrantes, enfermedades respiratorias y los primeros casos de malnutrición derivados de la única dieta disponible: frutos secos y raíces salvajes. “Vivimos como animales” es la frase más utilizada por los líderes locales, auténticos bastiones de la dignidad humana.

La calma relativa que trajeron los primeros meses de 2007 nos permitió aumentar considerablemente nuestras actividades. 4 hospitales y una red compuesta por 7 puestos de salud y 15 clínicas móviles hicieron de MSF el único proveedor de salud para una población de casi medio millón de personas, un tercio de ellas desplazadas en la selva. Cuando nuestros equipos llegaron en agosto del 2006, los centros no implementaban más de 80 consultas al mes; en RCA, la población debe pagar por la salud ya que desde la firma de los Acuerdos de Bamako el sistema de recubrimiento de costes para la sanidad pública fue oficialmente instaurado, siguiendo las presiones bajo forma de recomendación de los organismos financieros internacionales. En mayo, uno de los hospitales gestionado por MSF, basado en el principio de acceso gratuito a la salud, dispensó 4.600 consultas, tuvo más de 300 hospitalizaciones y “dio a luz” 150 nacimientos. Al mismo tiempo fuimos capaces de implementar diversos programas claves para la vida de esta población, entre otros, el de una de las enfermedades más olvidadas del mundo (la Tripanosomiasis o Enfermedad del Sueño, con casi 400 pacientes en 10 meses) y otro de cirugía, tanto de urgencia como electiva (complicaciones obstétricas y hernias en su mayoría). Los componentes de vigilancia Epidemiológica y Nutricional, Tuberculosis y VIH/SIDA, integrados de forma regular en nuestras actividades, dieron asimismo respuesta a las enormes necesidades existentes en la zona.

A pesar de trabajar en el país desde hace 10 años con proyectos en diversas regiones, durante los últimos meses venimos siendo acusados por las autoridades de ser “pro rebeldes”. A la existencia de dificultades para el acceso físico a la población se añaden por tanto las político – administrativas de un gobierno al que no conviene la presencia de testigos directos de sus acciones y que no parece entender o querer comprender el significado de los principios de neutralidad e imparcialidad que defendemos. Al mismo tiempo, en nuestra zona de intervención el principal grupo armado rebelde ha sufrido varias subdivisiones en una darfurización del conflicto muy peligrosa; como consecuencia de ello, la seguridad que aportaban en sus zonas de control se ve ahora minada por la presencia de grupos de bandidos y asaltantes, conocidos en RCA como “coupeurs de route”. En las últimas 3 semanas, 10 incidentes han dejado 8 heridos por bala (suelen ser grupos bien armados, equipados con fusiles automáticos - Kalasnikov) y 4 personas golpeadas hasta el borde de la muerte. 3 de esos incidentes tuvieron como objetivo actores humanitarios.

La nueva amenaza de los “coupeurs de route” ha obligado a la población refugiada en la selva a regresar por la noche a sus casas quemadas, sin techo alguno. La capacidad de complicación de su situación no tiene límites: cuando estos civiles han intentando protegerse mediante la constitución de “grupos de autodefensa civil”, armados de simples arcos, lanzas y cuchillos, los mismos han sido percibidos por las fuerzas gubernamentales como posibles aliados de los rebeldes y, por tanto, objeto de nuevas represalias. Esta complejidad no hace sino aumentar el miedo y la desesperación de una población atrapada entre la espada, la pared, la enfermedad, el desplazamiento y la violencia.

RCA está olvidada y el norte del país no existe para nadie. La presencia del Estado es mínima al no tener capacidad política y militar para controlar su territorio. Es un Estado olvidado y que olvida. La división de la rebelión complica la gestión de nuestra seguridad y, por tanto, disminuye nuestra capacidad de acceso a la población. La pérdida de una de nuestras trabajadoras es un umbral de riesgo que nunca estaremos dispuestos a aceptar y menos aún a dejar que se repita: los componentes móviles de nuestros proyectos están suspendidos desde entonces, dejando en funcionamiento tan solo los servicios hospitalarios.

A pesar de todo, la acción humanitaria, tal y como la entendemos, toma todo su significado en contextos como el de RCA. Cuando las políticas de desarrollo han sido fallidas durante años; cuando las necesidades humanitarias son inmediatas e independientes de planteamientos políticos, de seguridad o, en suma, de análisis e intereses a medio o largo plazo; cuando la población es la última prioridad de las autoridades, cubrir eficientemente un espacio médico – humanitario se convierte en el imperativo que nos ayuda a seguir adelante desde el olvido.