La Acción Humanitaria, como yo la veo Humanitarian Action, as I see it

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21-mar-2008

Seis corderos para un hospital




Agrupados en diferentes círculos de entre ocho y doce personas en posición de flor de lotto sobre esterillas de plástico, más de cien somalíes me dirigen una atenta mirada mientras permanezco en pie frente a ellos. Se trata del discurso oficial de inauguración del hospital pediátrico de MSF en Mogadiscio mientras las cocineras preparan los seis corderos y los veinticinco kilos de arroz que hemos comprado para celebrarlo con nuestro personal nacional, la gran mayoría del auditorio.

Empiezo dirigiéndome a los llegados de fuera: “Ante todo, dar la bienvenida a los representantes de la comunidad, nuestros vecinos”. Ancianos sheiks (líderes comunitarios guardianes de la tradición oral), imanes (responsables de las mezquitas de los alrededores), grupos de mujeres (organizadas en diferentes sectores) y profesores del Corán (salvaguardas de la educación infantil en una ciudad sin escuelas) se encuentran entre ellos. El día anterior convoqué una reunión para informarles de la apertura del hospital, requisito indispensable para ser aceptado por la comunidad escuchando sus propuestas y estando atento a su percepción sobre nuestro trabajo.

En esta fiesta hay más de cincuenta clanes diferentes. Mi discurso tiene que ser conciliador y lo hago por el camino humanitario. “Como organización médica, el único objetivo de MSF es la población. Todos tenemos que trabajar por ello con independencia de nuestros orígenes”. Aplausos a un mensaje simple, aunque la realidad es mucho más compleja: sin ser antropólogos, tenemos documentados 176 clanes y sub clanes; en algunos casos existen hasta doce sub-niveles. Privilegiar un clan sobre otro podría tener consecuencias dramáticas para nuestra seguridad y por eso nunca hay que olvidarlo. El laberinto somalí sorprende aún más en un país que podría ser el más homogéneo de África: todos comparten la misma religión y lengua, algo impensable en el resto del continente. Una más de las paradojas de Somalia.

“En una situación como ésta, debemos comenzar por los más vulnerables: los niños”. El discurso prosigue, las cabezas asienten; ¡menos mal!. Explicar que nuestro hospital “sólo” atenderá a niños menores de doce años podría ser difícil de entender en un contexto en el que toda la población necesita atención médica. Es una dolorosa decisión estratégica que tuvimos que tomar teniendo en cuenta nuestras propias limitaciones. La idea es extender el programa en unos meses, incluyendo una maternidad; la que tenemos en Jowhar (donde atendimos a Ulumo, una de las protagonistas del Blog2), ha realizado 136 partos sólo en noviembre. Mercedes y Oscar, médica y enfermero, trabajan sobre esa base la formación del personal nacional. La última decisión ha sido la inclusión de cirugía de urgencia tras el elevado número de heridos de guerra de las últimas semanas.

Algunas autoridades se unen a la fiesta. El Comisario del Distrito de Abdil Aziz, donde está el hospital, llega con su escolta armada de cinco guardas. Momento idóneo para dejar las cosas claras desde el principio. “Una estructura de salud de MSF es un área neutral que no puede ser de ninguna forma violada. Ningún tipo de arma o de personal armado ajeno a MSF podrá entrar sin nuestra autorización”. Tal vez me he pasado, pero el Comisario me dice posteriormente que no se volverá a repetir. Diecisiete años de guerra han enseñado a las partes del conflicto a conocer las reglas del Derecho Internacional Humanitario. Otra cosa es que éstas sean respetadas; la semana pasada, un hospital público fue bombardeado durante enfrentamientos especialmente duros. Una reunión con él, la semana que viene, servirá para asentar el mensaje subliminal que le he pasado durante mi perorata.

La puesta en marcha del hospital ha requerido una respuesta logística fulgurante. Agua, comunicaciones por radio y teléfono, luz, cadena de frío para las vacunas, camas, estanterías para la farmacia y el laboratorio, pintura, rehabilitación de techos, mosquiteras, cocina para los pacientes y sus familiares... Stamatis, nuestro logista griego, se ha encargado de coordinar un equipo de veinte personas para poner físicamente en funcionamiento una estructura que hace tres semanas era yerma. Hoy reluce flamante y tiene que durar: “La colaboración de la comunidad para la preservación de este hospital, que es de todos, es condición indispensable para que podamos continuar”. Reprimenda suave necesaria para pasar un mensaje pragmático.

Voy terminando el discurso con una buena noticia dentro de la novedad de la apertura: “Toda actividad proporcionada aquí es gratuita; desde la atención médica hasta la estancia, pasando por el tratamiento, nunca nadie os puede pedir un solo Shellings Somalíes a cambio de ella”. La gente estalla en aplausos de nuevo, esta vez combinándolos con miradas asertivas y sonrisas. No es de extrañar. Como decía en el primer Blog, la mayoría de hospitales públicos en Mogadiscio cobran mucho; y por todo: desde el diagnóstico hasta el tratamiento. Hacerlo oficial es una garantía de que nadie se atreverá a romper este principio básico.



Paso la palabra a los asistentes. Un Sheik agradece en nombre de la comunidad; un imam pide escuelas; un líder clánico solicita una reunión a parte; una mujer solicita trabajo para sus enfermeras... El olor de la comida invade el recinto y se convierte en mi mejor aliada. “Les agradezco los comentarios, estas son ya cuestiones de trabajo que veremos la semana entrante. Ahora, vamos a comernos los seis corderos”. Todo el mundo está de acuerdo con la idea. La comida dura apenas quince minutos y deja paso a los bailes tradicionales. El hospital está abierto.