La Acción Humanitaria, como yo la veo Humanitarian Action, as I see it

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27/03/2008

El espacio humanitario, en estado de sitio

Foto: Juan Carlos Tomasi / MSF

Este artículo fue publicado en Octubre del 2006 en la Revista de Socios de Médicos Sin Fronteras - España, con una tirada de 190.000 ejemplares.
Foto: Juan Carlos Tomasi / MSF

Imagine por un momento que mañana, al despertar, su casa está repleta de gente. Un matrimonio y seis niños se han instalado en su comedor, su cuarto de invitados e incluso su dormitorio principal. Ahora debe repartir la misma cantidad de agua, comida y dinero que antes consumía, con ocho personas más. La situación aguanta durante unas semanas, pero las condiciones de hacinamiento hacen que un brote de fiebre hemorrágica fulmine a tres de los niños, que caen enfermos. Tras llamarles, unos extranjeros le dicen que, en cuanto puedan, vendrán con ayuda sanitaria y alimentos para remediar la situación, pero tres meses después no tiene noticias de ellos. Entonces todos deciden volver a sus tierras para recoger lo poco que queda de la cosecha; para ello deben atravesar una línea de frente, porque el Ejército se enfrenta a un grupo armado rebelde. Su compañero es herido por una bala perdida y no tiene donde llevarlo, al igual que sucede con la esposa de éste, que estaba embarazada y ha roto aguas. No le queda más remedio que recorrer los 45 Kms que le separan del campo de desplazados más cercano. Una vez allí, las autoridades le acusan de espionaje por venir de una zona rebelde; por la noche, un grupo de desconocidos irrumpe en su tienda de plástico y les golpea. A la mañana siguiente, no les reconocen como desplazados y queda fuera de la distribución oficial de alimentos…
Esta pesadilla imaginaria es el día a día de la población civil en Darfur. Una realidad que hemos podido constatar tras más de 6 meses tratando de lograr una nueva intervención médico-humanitaria en Jebel Marra, la zona más olvidada de una de las mayores crisis de nuestros tiempos. Desde que a finales de enero 35.000 personas se vieran obligadas a huir despavoridas tras un enfrentamiento entre fuerzas gubernamentales y rebeldes, la zona de acogida se convirtió en un círculo de vulnerabilidad y violencia. La población local vio cómo sus aldeas se duplicaban e incluso triplicaban ante la llegada masiva de desplazados. Las escasas reservas de alimentos se agotaron en cuestión de semanas y comenzaron a aparecer los primeros casos de desnutrición. Las condiciones de hacinamiento se vieron agravadas por la mala calidad del agua, dando lugar a la presencia masiva de diarreas, incluyendo muchos casos de disentería. La gente que seguía llegando no tenía donde cobijarse, por lo que tuvo que vivir en la intemperie más absoluta, facilitando los casos de neumonía. Los enfrentamientos se intensificaron, dando lugar a numerosos heridos de bala. Para colmo de males, un brote de meningitis amenazaba con deteriorar aún más la situación.
Poder evaluar estas necesidades costó dos meses de negociación y tres incidentes serios de seguridad. MSF, CICR (Comité Internacional de la Cruz Roja) y OCHA (Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios) cayeron sucesivamente en emboscadas preparadas por las milicias armadas por el Gobierno de Sudán, oficialmente considerados “bandidos”. Nadie más tuvo acceso a la zona en dos meses y, cuando lo hubo, las únicas organizaciones que volvieron fueron CICR y MSF. La situación era desesperada y, sin embargo, ninguna otra ONG o agencia humanitaria tenía la capacidad operativa o la independencia necesaria para intervenir. En los tres meses siguientes, pudimos actuar a base de entradas y salidas rápidas por vía aérea (helicóptero) y terrestre (camellos y burros), transportando el material médico básico necesario para una primera respuesta de emergencia. Finalmente, pudimos establecer una clínica con consultas externas, capacidad de internamiento de pacientes, programa nutricional, seguimiento epidemiológico, clínicas móviles, programa obstétrico y cirugía.
El espacio humanitario en Darfur se encuentra, sin embargo, en estado de sitio. Los diferentes grupos lo abren y cierran a su antojo, en función de sus agendas militares o políticas, ante la pasividad de los actores internacionales. A partir de julio, y en escasas dos semanas, fueron asesinados más trabajadores humanitarios que en los últimos dos años. Diversas ONG sufrieron ataques, robos e incluso secuestros. Todas las secciones de MSF tuvieron incidentes en diversos proyectos, incluyendo los nuestros. Había un claro mensaje hacia las organizaciones activas en la zona: nos querían fuera, no querían testigos. Tuvimos que evacuar el proyecto tras menos de dos meses de actividad en condiciones normales. En septiembre, y a fecha de escritura, un brote de cólera azota nuestra área de intervención. La situación humanitaria se deteriora y nadie puede estar allí.
Resulta frustrante la incapacidad (o la falta de voluntad) de los responsables de garantizar el acceso y responder a las necesidades humanitarias en Darfur. Y ello a pesar de que acciones como las de MSF demostraron que era posible no sólo evaluar, sino también intervenir. OCHA lleva considerando algunas zonas de Jebel Marra como “inaccesibles” desde hace más de 6 meses. WFP (Programa Mundial de Alimentos) llegó a reducir a la mitad la ración nutricional distribuida a los desplazados, alegando “falta de fondos”. Para la Unidad Africana, cuyo mandato es “(…) la consecución de un ambiente de seguridad”, éste se traduce en patrullas semanales en áreas que requieren una, si no varias, diarias. El resto de ONGs, concentradas en su mayoría en las seguras capitales, alegan incapacidad para poder actuar en área rural, casualmente donde más necesidades hay…
Mientras tanto, la población civil sufre las consecuencias de un recrudecimiento de los enfrentamientos entre el Ejército, las milicias árabes equipadas por el gobierno sudanés y los diversos grupos rebeldes, cada vez más fragmentados. MSF sigue trabajando con presencia de expatriados en el campo de desplazados de Shangil Tobaya, y mediante personal nacional, a control remoto, en Jebel Marra. No obstante, es un trabajo bajo mínimos humanitarios. No poder despertar de esta pesadilla para el acceso y la seguridad convierte el sueño en realidad. Una realidad de la que millones de personas en Darfur no pueden escapar.