Trabajar en escenarios de conflicto armado, como reflejaba Paco en su post de hace unas semanas, obliga en muchas ocasiones a tener que evacuar. Evacuar implica dejar parte de ti, recoger tu maleta en quince minutos y, en ocasiones, abandonar el trabajo que durante meses has estado haciendo. Las partes se enfrentan más que nunca, hay un golpe de estado, recibimos amenazas... todo puede justificar la retirada total o parcial del personal internacional. En esos momentos, lo más duro es dejar atrás a los que hasta entonces han sido tus compañeros de trabajo, el personal nacional. Personalmente lo he vivido en tres ocasiones, Palestina, Darfur y ahora Somalia, y en todas ellas las miradas y la rabia contenida son idénticas. Nosotros tenemos billete de ida y vuelta. Ellos no.
Si MSF ha sido capaz de trabajar en Mogadiscio durante 14 años seguidos, ha sido gracias a nuestro personal nacional. Médicos, enfermeros, logistas, administradores, comadronas, cocineras, conductores, guardias y un largo etcétera han continuado las actividades en los peores momentos. Es lo que llamamos “seguimiento a control remoto”, cuando nuestro papel se limita a hacer visitas de apoyo o a seguir las actividades por teléfono y correo electrónico, mientras ellos mantienen en funcionamiento las estructuras sanitarias.
Afortunadamente la evacuación es una situación excepcional. MSF trabaja hoy en día con casi 30.000 personas en 80 países distintos. Y este es, probablemente, uno de los mayores lujos que te ofrece este trabajo. Ellos son nuestros ojos, nuestros oídos y, en ocasiones, nuestras bocas y brazos en el terreno. Son la espina dorsal de esta organización. Y, siempre, la primera línea para entender el país en el que te encuentras.
Nuestro director médico se llama Mohamed, pero todos le conocen como Dottore. Él es un caso peculiar entre los casi 100 somalíes que trabajan aquí. Tiene 60 años, edad suficiente para haber vivido la auténtica realidad de Mogadiscio: “el paseo marítimo estaba plagado de turistas; por la noche salíamos a bailar, la ciudad era próspera y multicultural”. Dottore me cuenta esto mientras camina sobre las ruinas de lo que antes era el Teatro Nacional. Amina, nuestra cocinera, es otro de los ejemplos de lo que supone el día a día en Mogadiscio. Siempre risueña, un día la encontré pegada al teléfono y con el gesto muy preocupado. “Un mortero ha caído cerca de nuestra casa; hace tres horas que no sé nada de uno de mis hijos”. Afortunadamente, el niño estaba ya en la escuela, muy lejos del escenario de combate. Ahmed Yousuf es logista en una de nuestras clínicas; el 17 de octubre, de camino al trabajo, se encontró en medio de una operación militar; fue arrestado durante tres horas, hasta que pudimos hablar con el Comisario del Distrito y liberarlo.
Todos ellos actúan como una red de información clave para nosotros. Cuando sus familias huyen de la ciudad por la violencia, sabemos que la situación se deteriora. Cuando se mueven por las calles de Mogadiscio, nos cuentan si aumenta la tensión social. Cuando presencian combates, nos lo reportan al día siguiente. Cuando escuchan las noticias en la radio o la televisión, nos hacen un pequeño sumario de lo que dicen los medios somalíes. Cuando queremos pasar mensajes sobre lo que MSF es o hace, los utilizamos para llegar a todas las comunidades... Ellos son, pues, la pieza clave para nuestras operaciones.
Si MSF ha sido capaz de trabajar en Mogadiscio durante 14 años seguidos, ha sido gracias a nuestro personal nacional. Médicos, enfermeros, logistas, administradores, comadronas, cocineras, conductores, guardias y un largo etcétera han continuado las actividades en los peores momentos. Es lo que llamamos “seguimiento a control remoto”, cuando nuestro papel se limita a hacer visitas de apoyo o a seguir las actividades por teléfono y correo electrónico, mientras ellos mantienen en funcionamiento las estructuras sanitarias.
Afortunadamente la evacuación es una situación excepcional. MSF trabaja hoy en día con casi 30.000 personas en 80 países distintos. Y este es, probablemente, uno de los mayores lujos que te ofrece este trabajo. Ellos son nuestros ojos, nuestros oídos y, en ocasiones, nuestras bocas y brazos en el terreno. Son la espina dorsal de esta organización. Y, siempre, la primera línea para entender el país en el que te encuentras.
Nuestro director médico se llama Mohamed, pero todos le conocen como Dottore. Él es un caso peculiar entre los casi 100 somalíes que trabajan aquí. Tiene 60 años, edad suficiente para haber vivido la auténtica realidad de Mogadiscio: “el paseo marítimo estaba plagado de turistas; por la noche salíamos a bailar, la ciudad era próspera y multicultural”. Dottore me cuenta esto mientras camina sobre las ruinas de lo que antes era el Teatro Nacional. Amina, nuestra cocinera, es otro de los ejemplos de lo que supone el día a día en Mogadiscio. Siempre risueña, un día la encontré pegada al teléfono y con el gesto muy preocupado. “Un mortero ha caído cerca de nuestra casa; hace tres horas que no sé nada de uno de mis hijos”. Afortunadamente, el niño estaba ya en la escuela, muy lejos del escenario de combate. Ahmed Yousuf es logista en una de nuestras clínicas; el 17 de octubre, de camino al trabajo, se encontró en medio de una operación militar; fue arrestado durante tres horas, hasta que pudimos hablar con el Comisario del Distrito y liberarlo.
Todos ellos actúan como una red de información clave para nosotros. Cuando sus familias huyen de la ciudad por la violencia, sabemos que la situación se deteriora. Cuando se mueven por las calles de Mogadiscio, nos cuentan si aumenta la tensión social. Cuando presencian combates, nos lo reportan al día siguiente. Cuando escuchan las noticias en la radio o la televisión, nos hacen un pequeño sumario de lo que dicen los medios somalíes. Cuando queremos pasar mensajes sobre lo que MSF es o hace, los utilizamos para llegar a todas las comunidades... Ellos son, pues, la pieza clave para nuestras operaciones.
En el año 2005, en un ejercicio de revisión autocrítica, MSF llegó a la conclusión de que había que mejorar nuestra relación con el personal nacional. En todos nuestros proyectos se consolidaron los “paquetes” que ya veníamos ofreciendo en cuanto a la salud (cobertura para el trabajador y los miembros de su familia), la formación (cursos que van desde los idiomas a la informática, pasando por logística, administración o seguridad) o la promoción interna. Ahora se está potenciando la incorporación del personal más cualificado a la línea de definición y gestión de los proyectos.
Tal vez el mejor ejemplo de ello sea Abdillin, nuestro responsable de seguridad. Tras trabajar con nosotros en Mogadiscio durante 12 años, no sólo ha evitado que incidentes serios ocurran a los equipos de MSF, sino que se las arregló para mantener las actividades a un excelente nivel, a pesar de la situación. Acabo de proponerle para un curso que le permitirá salir como Coordinador de Terreno a cualquier país del mundo en unos meses. Se ríe cuando le digo que tiene muchas probabilidades de ser mi jefe. “Es decir, que voy a dejar de ser espina dorsal y ahora voy a ser parte del cerebro de MSF”, me dice sin dejar de reírse.
Tal vez el mejor ejemplo de ello sea Abdillin, nuestro responsable de seguridad. Tras trabajar con nosotros en Mogadiscio durante 12 años, no sólo ha evitado que incidentes serios ocurran a los equipos de MSF, sino que se las arregló para mantener las actividades a un excelente nivel, a pesar de la situación. Acabo de proponerle para un curso que le permitirá salir como Coordinador de Terreno a cualquier país del mundo en unos meses. Se ríe cuando le digo que tiene muchas probabilidades de ser mi jefe. “Es decir, que voy a dejar de ser espina dorsal y ahora voy a ser parte del cerebro de MSF”, me dice sin dejar de reírse.



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